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Entrevista a Patrick Llobregat, presidente de la FEC

“Nuevas legislaciones europeas pueden modificar de manera importante nuestra industria”

Patrick Llobregat es el PDG (lo que en inglés denominaríamos CEO) de la unidad de negocio de productos no eléctricos de Groupe SEB. Ahora se ha puesto al frente de la FEC, la federación europea que agrupa a fabricantes de menaje de cocina, cuchillería y cubertería, con el objetivo de reorientar las prioridades de esta entidad hacia algo que preocupa especialmente: nuevas normativas europeas sobre materiales que podrían poner en riesgo el futuro de esta industria… al menos como se la ha concebido hasta ahora. Tuvimos la enorme suerte de encontrar a Patrick Llobregat en Chicago, durante la IHHS, y del encuentro surge esta interesante entrevista.

¿Cómo está actualmente la FEC? ¿Cuántos miembros tiene?

Tenemos unos 60 miembros y estamos pendientes de la próxima integración de cuatro o cinco más. La FEC había llegado a tener 90 miembros en sus mejores momentos y, en este sentido, estamos trabajando para recuperar aquel número. Para ello, hemos modificado de manera importante el comité de dirección, que actualmente presido y que está integrado también por Peter Hollaender, de Amefa, como vicepresidente; Huguette Gérard, de la asociación francesa Unitam, como administradora financiera; y cuatro miembros más, Tobias Gerfin, CEO de Kuhn Rikon; Martin Geiger, del grupo WMF; Claude Haumesser, de DeBuyer; y Gernot Strehl, de Zwlling Group.

De estos miembros, ¿cuántos son empresas y cuántos asociaciones?

Únicamente dos asociaciones forman parte en este momento de la FEC, la francesa Unitam y la alemana IVSH. De hecho, son las dos únicas asociaciones que quedan en Europa. El resto de nuestros miembros son empresas, la mayoría de ellas de origen alemán, francés, holandés y belga. Estamos empezando a recibir a empresas italianas, que regresan a la FEC. Y en cambio no tenemos compañías portuguesas ni españolas, a excepción de Lékué, que es miembro desde hace tres años.

¿Harán alguna acción para atraer a las empresas españolas?

Cada año, cuando celebramos nuestra asamblea general, invitamos a empresas de diferentes países a venir y escucharnos. El año pasado recibimos la visita de muchas compañías portuguesas, por ejemplo. La próxima asamblea general será en Bruselas en noviembre y hay que tener en cuenta que también tratamos de otros temas que interesan a nuestra industria, como el big data, las normas de protección de datos personales o las ventas online.

¿A qué atribuye el descenso de miembros de la FEC?

La crisis ha dejado al sector prácticamente sin asociaciones en muchos países de Europa, por el simple hecho de que sus miembros dejaron de pagar las cuotas. En ocasiones, estas asociaciones no defendían aquello para lo que habían sido creadas: se convirtieron en pequeños clubes cuyos miembros quedaban de vez en cuando para comer y charlar. También hubo un momento en que las empresas acumularon dudas y temores sobre estas relaciones con otros fabricantes. Por ello, la FEC ha reglamentado fuertemente aspectos como el intercambio de informaciones confidenciales o los acuerdos entre fabricantes en aspectos como los precios. Todos nuestros socios siguen un código de conducta.

La FEC se ha dotado, desde el nombramiento de este nuevo comité directivo, de una nueva misión. ¿En qué consiste?

Estamos estudiando las nuevas legislaciones que pueden modificar de manera importante nuestra industria, sobre todo en lo que se refiere al sistema de registro de materiales REACH y a las normas sobre el contacto alimentario. Nos referimos a materiales como el cobalto, el cromo, la plata o el níquel, pero también a las materias plásticas, desde la silicona al BPA.

¿Qué papel juega la FEC en este escenario?

Estamos ejerciciendo un rol de orientadores e informadores. Se trata de normas muy generales que en ocasiones, o mejor dicho a menudo, olvidan los impactos que todo ello tendrá sobre la industria. Si testamos cubiertos de plata sumergiéndolos durante cuatro horas en una solución ácida… no hay ningún producto que resista esto. Pero este ensayo no corresponde al uso real de los cubiertos, que jamás se enfrentan a estas condiciones, y esto es lo que estamos intentando que los funcionarios de Bruselas entiendan.

Por lo tanto, ustedes están en contacto con la Comisión Europea…

Intentamos hacerles conocer la realidad de nuestras empresas y de nuestros productos y orientar la negociación, con el objetivo de que las nuevas normas se redacten teniendo en cuenta todo ello.

¿Y si ello no pasa? Es decir, si la Comisión Europea no escucha estas explicaciones, ¿cuáles podrían llegar a ser las consecuencias?

Cuando suprimimos un material, suprimimos una industria. Por ejemplo, si eliminamos el níquel del acero inoxidable deja de ser acero inoxidable. De todos modos, creo que estamos logrando un cierto éxito con nuestra explicaciones. Trabajamos actualmente en el diseño de normas que calculamos que verán la luz entre 2020 y 2021. Estamos presentes de manera física en un gran número de reuniones de la Comisión Europea y, de hecho, somos la única asociación que es llamada sistemáticamente a reunirse, porque en nuestro campo de actividad no hay otras entidades representativas.

El REACH ya tiene un largo recorrido como sistema de registro de materiales y ha tenido ya un impacto en industrias como la de los revestimientos. En el campo del menaje, ¿cuáles pueden ser sus consecuencias?

El REACH es algo que afecta sobre todo a los industriales y no tanto a los consumidores. Y está estrechamente relacionado con las normas de contacto alimentario; es decir, todo aquello que tiene en cuenta las reacciones de los alimentos al ponerlos en contacto con determinados materiales. La Comisión
Europea es un interlocutor, pero también lo son cada uno de los países europeos, que pueden poner en marcha normativas con exigencias adicionales.

¿Cree que Francia es el país de Europa con las normas más exigentes en materiales?

En general, sí. Por ejemplo, Francia es el único país que ha prohibido el Bisphenol A (BPA). Pero lo que sucede es que si fabricas un producto con BPA en Alemania o España puedes venderlo en Francia. Son este tipo de circunstancias las que nosotros combatimos: la CE permite que haya países que aplican normas de manera particular, específicas en una parte del territorio. Del mismo modo, hay normas restrictivas en materiales que se aplican solamente a los fabricantes europeos. En cambio, un productor asiático puede importar, exponiéndose simplemente a una débil multa. Es uno de los grandes problemas de la Unión Europea, pero tengo esperanzas de que cambie, de que se tome conciencia. En ello estamos trabajando: que haya primero una prohibición de entrada y después una modificación para los fabricantes; pero no al revés.

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