Las ollas a presión buscan ampliar el perfil de usuario

ollas a presión
Las ollas a presión evolucionan en sus propuestas.

La versatilidad es la tónica dominante en la oferta actual de ollas a presión. El producto, muy especializado y con un público limitado pero fiel, intenta ampliar el perfil de consumidores introduciendo elementos que hagan su uso más flexible. Por ello, la gama de capacidades que ofrece el mercado es muy amplia, adaptándose a diferentes tamaños de hogares. Al mismo tiempo, se introduce la posibilidad de cocinar sin tapa, a baja presión, utilizando los mismos utensilios de cocina para ahorrar espacio, y se introducen complementos para cocinar al vapor.

Un mercado que mantiene el dinamismo

Sin ser un sector donde la presentación de novedades sea una constante (algunos modelos que están en el mercado llevan muchos años en los catálogos y siguen siendo plenamente actuales), sí podemos decir que las ollas a presión son un producto que, constantemente, incorpora mejoras, fruto de las investigaciones de los líderes del mercado. La seguridad, el diseño, la versatilidad, la adaptación y los materiales son los principales campos donde se centra la innovación.

Pese a las reticencias que sigue despertando en materia de seguridad (infundadas cuando hablamos de marcas acreditadas), este producto ha mantenido un público fiel y adepto, gracias a sus claras ventajas: ahorro de tiempo, ahorro de energía, conservación de las propiedades nutritivas de los alimentos y cocina sana y sin grasas. El reto, en estos momentos, es llegar a nuevos públicos, rejuveneciendo la demanda.

Objetivo prioritario: ampliar el perfil del consumidor

Las últimas novedades en ollas a presión demuestran que este mercado no cesa de evolucionar y crecer. La apuesta de una serie de compañías por este producto es clara y ello lo convierte en un artículo evolutivo, que se adapta a las necesidades cambiantes del cliente. No obstante, la presentación de novedades en este campo no es tan acelerada como en otros segmentos del menaje, dado que los cambios se producen de manera más espaciada en el tiempo. Pero cada temporada aparece algún nuevo modelo mejorado por parte de alguna de las firmas líderes de este mercado. Aunque estéticamente las ollas a presión no han introducido grandes cambios, sí los hay en su funcionamiento y equipamiento, a todos los niveles.

Una de las mejoras introducidas de modo general es la adaptación a todo tipo de fuentes de calor, incluida la inducción. Por otro lado, las ollas a presión son cada vez más versátiles, gracias a la generalización de los sets, que incluyen diversas piezas y, por lo tanto, amplían notablemente las posibilidades de uso. Y es que, en viviendas donde el ahorro de espacio es una prioridad, el objetivo es que este elemento sirva para diferentes funciones. Por ello, han aparecido ollas que van provistas de dos tipos de tapas, una para cocinar a presión y otra convencional, de cristal o de acero inoxidable, para cuando queremos utilizarla como una cacerola tradicional. Además, se han generalizado los cestillos para cocinar al vapor, que se insertan perfectamente dentro de la olla y, por lo tanto, no ocupan espacio. También aparecen otras alternativas aún más evolucionadas, que persiguen hacer de la olla a presión un elemento que puede usarse, además, para cocinar de otras manera, por ejemplo al vapor. Con ello, quiere eliminarse la sensación de que se trata de un producto muy limitado, que solamente sirve para cocinar de manera rápida.

Otra cuestión sobre la que se están centrando las investigaciones es la facilidad de apertura y cierre. Actualmente, ya existen sistemas muy simplificados, algunos de los cuales podemos conocer en estas páginas. En algunos modelos, se incluye algún sistema de aviso (sonoro, luminoso,…) que confirma que la tapa está correctamente colocada y la olla lista para su uso. Los campos de investigación van actualmente incluso más allá y quieren facilitar la limpieza de la olla, permitiendo el desmontaje del mango, con lo cual el sistema de válvulas no necesita mantenimiento (dado que el mango se puede limpiar bajo el chorro de agua).

Medio millón de ollas a presión

Se calcula que anualmente se venden en el mercado español medio millón de ollas a presión, estando el ranking de ventas mayoritariamente encabezado por marcas españolas, como Monix, Alza, Jata o Taurus. Un sector liderado por fabricantes nacionales, en el que no faltan productos de importación como los de Silit, Fissler, WMF o Kuhn Rikon, que gozan de un buen posicionamiento.

La oferta de ollas de presión en el mercado español no es excesivamente amplia, pero sí suficiente para cubrir todas las necesidades, desde los modelos de manejo más sencillo, para los usuarios que realizarán un uso concreto del utensilio; hasta los elementos más sofisticados, con funciones y accesorios que les otorgan flexibilidad y versatilidad. Este producto tiene un hueco de mercado, que se mantiene, gracias a la apuesta clara y contundente de algunas marcas.
Durante unos años, este producto atravesó un cierto estancamiento de las ventas, que podríamos atribuir a cambios en los hábitos culinarios y en la composición de los hogares españoles. Pero en los últimos tiempos, este mercado se ha reactivado, de la mano de una corriente que valora cada vez más la comida sana. También el ahorro en tiempo y energía, en un momento en que el primero escasea y la segunda se encarece, son factores cada vez más valorados por los consumidores.

«Para aquellos que no disponen de mucho tiempo, la olla a presión es perfecta –explican desde Lacor–. Es un accesorio de cocina imprescindible para la vida moderna. Con ella se puede disfrutar de más tiempo para poder hacer otras cosas y la gran capacidad de algunos modelos es un valor añadido si se tiene que cocinar para varios comensales. No sólo se gana en tiempo libre, también en ahorro de energía. Al tener menos tiempo la olla sobre la placa, se gasta menos energía. El ahorro es de hasta un 70% del tiempo sobre el sistema habitual de cocción; hasta un 60% en platos de largo tiempo de cocción y entre un 30% y un 40% en platos de corta cocción».

También tiene cada vez más peso el argumento de una cocina sana, que conserva todas las propiedades nutritivas de los alimentos.
Al reducir el tiempo de cocción, se preservan muchas vitaminas y minerales que son destruidos en la cocción convencional. Además, la cocina a presión supone eliminar buena parte de las grasas que contienen nuestros menús y ello constituye también un aliciente para el consumidor actual, especialmente preocupado por mantener el sabor de los alimentos, pero con la mínima grasa. Como muchas ollas a presión permiten seleccionar entre diferentes velocidades, puede adaptarse la cocción según el tipo de alimentos: se necesita mayor presión para las carnes y menor para los pescados y las verduras. Algunos modelos introducen la posibilidad de cocinar a baja presión y, por lo tanto, de levantar la tapa de la olla para vigilar los alimentos, ampliando de este modo los usos de las ollas a presión y atrayendo a un perfil cada vez más amplio de usuarios.

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